Psicología de la moda

Noticias 30/04/2016 Por Psicóloga Yane Noguero para R.Rush
En plena época de mujeres vestidas con corsés, puntillas, plumas y artefactos complicados en los sombreros, una mujer diminuta y orgullosa se atrevía a caminar entre socialites con pantalones masculinos y accesorios sofisticados creados por ella misma, opinando sin pelos en la lengua de aquellas: “parecen merengues de pastelería encima de la cabeza”.
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Se trataba de Coco Chanel, quien además se animó a decir que “todo lo que está de moda pasa de moda”. Tras 44 años de su muerte, podemos reafirmar su sentencia.
En nuestro presente se dificulta definir qué está de moda y qué no lo está, probablemente por la vorágine en la que vivimos.
Georg Simmel, filósofo y sociólogo alemán, explicaba que la moda podría ser una forma de relación social, en la que se permitiría que los individuos se integren dentro de un grupo con mayor disposición, porque sostenía que la apariencia se modelaría con mayor facilidad que el comportamiento. Sin embargo, aquello que facilitaría la integración, también provocaría la diferenciación.
Lo que sucede, como nos demostró la emblemática Coco Chanel, es que existe una contradicción en el hecho de que una persona adquiera una estética determinada, para revelarse como singular, desviándose de las corrientes y las imposiciones más comunes, ya que termina creando y desarrollando una distinta. Para Simmel se trata de una forma inversa de imitación.

Este proceso de aceptación, imitación y luego renovación, es vivenciado por nosotros constantemente y quizá en un período de tiempo mucho más reducido que en otros momentos históricos. Por ello, parece que hoy todo es moda, y a la vez, nada lo es.
La moda, esa presencia dinámica y versátil que camina entre nosotros como un espectro, muta constantemente, determinada por factores económicos, sociales, psicológicos o políticos que hacen que una sociedad modifique sus gustos o costumbres.
Está atravesada y casi definida por la variable del cambio, de lo nuevo. Lleva puesto el traje confeccionado con la capacidad de saber retirarse y los zapatos de la multiplicidad. Cuando se mira al espejo, queda fascinada por su inherente caducidad, se enceguece con el brillo del momento, seduce, se exalta…y se esfuma.

Expertos sostienen que la moda posee códigos propios y convenciones, como todo fenómeno social, con la particularidad de que son muy sólidos y definidos cuando la misma está en auge, para luego pasar a ser fluctuantes y débiles, con el correr del tiempo.
Hasta hace unos años, estas pautas ejercían una suerte de selección natural, ya que los individuos que estaban a la moda eran premiados y capturados por la red social, mientras que los que no lo estaban, quedaban excluidos.
Sin embargo, el crecimiento masivo de los medios de comunicación, sobre todo de las redes sociales, ha causado grandes modificaciones. En la actualidad, el mundo virtual propone fantasías e imágenes atractivas, que resignifican constantemente las condiciones de lo que está a la moda y lo que no. Y lo más favorecedor, es que son los mismos usuarios lo que tienen ese poder.

Teniendo en cuenta que toda moda pierde su atractivo cuando deja de ser un elemento diferenciador, podríamos pensar que nos encontramos en pleno festival de la diversidad del criterio propio. Solo es necesario abrir las redes sociales y encontrarnos con miles de personas que se animan a crear estilos, a jugar con modos y usos, a crear costumbres, a proponer nuevas formas. Cada uno puede proponer y ser aceptado, o mejor aún, puede proponer y no esperar ser aceptado, porque no quedará excluido de nada elitista.

¡Bienvenida la moda de la inclusión, la creatividad y la impronta subjetiva! ¡Brillantina para todos!

O para algunos, o para el que quiera…el que no quiera puede elegir otra cosa…en fin.

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