¿Qué pasa por la mente de las personas que no soportan que a otros les vaya bien?

Noticias 06/04/2020 Por Asesor de Imagen Ariel Jarc
Lo que se esconde el síndrome de Procusto es miedo. Miedo a quedar mal, miedo a ser superado, miedo a ser menos amado que el otro.
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En la mitología griega, Procusto era un gigante, hijo de Poseidón. En su casa, invitaba a los viajeros, a acostarse en una cama de hierro. Una vez dormidos, los ataba y comprobaba si eran más largos o más cortos que la cama.

Si la persona era alta, cortaba las extremidades que sobresalían. Si sobraba espacio en la cama, los torturaba hasta que llegara a la medida correcta. Como tenía dos camas de dos tamaños diferentes, nadie escapaba de Procusto.

IMG_20200405_151220_976De esta desagradable historia derivó el llamado “síndrome de Procusto”, que consiste en personas que no soportan que seas mejor que ellos en determinado campo. Se puede dar en cualquier ámbito: compañeros de escuela, de trabajo, un jefe, un familiar, un vecino, o hasta tu propia pareja.

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Lo peor de todo es que este tipo de individuos se pueden juntar entre sí para lograr sus objetivos, logrando así una versión mejorada del monstruo de Procusto. A veces, enemigos declarados, dejan atrás sus diferencias con tal de “cortarte las alas”.

Lo que se esconde el síndrome de Procusto es miedo. Miedo a quedar mal, miedo a ser superado, miedo a ser menos amado que el otro. En muchos casos, escondido en el miedo, hay un problema de baja autoestima.

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Por eso, la solución definitiva para todos los problemas relacionados con la envidia, como este de Procusto… es el amor. Amor a uno mismo, y amor a los demás. No se envidia si se tiene. No se envidia si se ama.

Cómo defenderse de personas con el síndrome de Procusto?

Primero: No necesites "posada" juntarte con gente buena
Segundo: No dejes que te juzguen. Una cosa es aceptar sugerencias, y otra, vivir la opinión de los demás.
Tercero: procura no sobresalir demasiado. Nuestro objetivo no debería ser siempre ser mejores que los otros, sino mejores que nosotros mismos.

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Cuarto: huye a la mínima señal. Si no puedes vivir sin tratarme bien, deberás aprender a vivir lejos de mí. – Frida Kahlo

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