Descubrí el hotel más raro y original

En el Altiplano boliviano y a 3600 metros sobre el nivel del mar, Kachi Lodge propone hospedarse en pleno salar de Uyuni para vivir la más lujosa aventura.
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Brillantes bajo el sol del Altiplano, cual joyas desparramadas sobre un interminable manto de sal, los domos del hotel Kachi Lodge, en Bolivia, prometen una aventura ajena a este mundo. En total, son nueve las sofisticadas carpas facetadas: seis habitaciones y otros tres espacios de servicios, incluidos lounge y restaurante.

Todas se plantan, conectadas por una pasarela de madera, sobre uno de los más cautivantes lugares del planeta: el gran salar de Uyuni. Es ese lago prehistórico que al secarse dio paso a un paisaje desértico de casi 11.000 km2 de sal blanca brillante, el que cobija a los visitantes que llegan ávidos de naturaleza, historia y experiencias, pero también de confort, diseño y arte.

Porque el conjunto, ambientado por la dupla de decoradoras suizas Marina Cardis y Marine Luginbuehl, se pone a la altura del entorno con una atmósfera bohemian chic que hace pie sobre materiales sustentables, artesanía autóctona y la obra de Gastón Ugalde, un reconocido artista local, como eje. El resto es una interminable sucesión de atractivos.

Desde visitar cuevas con momias o ciudades precolombinas, a conocer los pormenores de la cría de llamas o el trabajo en un campo de quinoa, pasando por la posibilidad de escalar el cráter de un volcán. O simplemente usar el telescopio para admirar el cielo del Altiplano, luego de haber degustado esa mezcla de sabores locales con influencias internacionales a cargo de un reconocido chef. La experiencia será única.

El confort y el diseño interior se encuentran con los magníficos exteriores. Las camas de última generación
visten mantas tejidas a mano en lana de alpaca y llama teñida naturalmente. Los almohadones son creación de la diseñadora Véronique Rolland (andiartworld.wordpress.com). Las lámparas se descuelgan de la cabecera que da privacidad al baño y la ducha.

Bajo una serie de lámparas de mimbre, el lounge integra sillones BKF cubiertos con almohadones de bayeta (un tradicional textil del Altiplano que se usaba para cargar sal) y muebles de madera reciclada. Las esculturas de cactus personifican a deidades locales y son obras de Gastón Ugalde. El resto del cuadro lo completan las interminables vistas del salar.

Conectados por un deck semicircular, los domos se plantan a los pies del volcán Tunupa. Mientras, afuera del Domo Lounge, la amplia terraza recibe bancos y mesas ratonas de madera que vibran con los colores de los aguayos bolivianos.

A la luz de las estrellas, la apariencia espacial de la seguidilla de domos tiene origen en un estudio cosmológico y de las creencias locales. Con una infraestructura ecológica de última generación, el lodge se presenta como un luxury camp sustentable, en el que el compromiso con la cultura local y sus comunidades es una realidad diaria.

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