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Gustavo Cerati hubiera cumplido 63 años: tres historias en tres canciones

Un misterioso personaje alado de su infancia, uno de los momentos más tristes que atravesó en su vida y el comienzo de uno de sus grandes amores.

Música
Cerati

Gustavo Cerati, líder de la banda argentina Soda Stereo y uno de los máximos referentes del rock latinoamericano, hubiera cumplido 63 años este jueves de no haber sido por el accidente cerebrovascular (ACV) que lo mantuvo en coma durante cuatro años, hasta su muerte el 4 de septiembre de 2014. Para rendirle homenaje, tres historia en tres canciones.

Los datos biográficos del músico abundan en Internet. Basta con indagar en los buscadores para enterarse que Gustavo Cerati nació el 11 de agosto de 1959 en Barracas, que fundó en 1982 Soda Stereo y que recibió un sinfín de premios, reconocimientos y homenajes por su carrera tanto con una de las bandas más importantes de la Argentina como en su faceta solista.

Por eso, qué mejor para conocer al guitarrista desde otra perspectiva que contar las historias que se ocultan detrás de algunas de las canciones con mayor carga emotiva: un misterioso personaje alado de su infancia, uno de los momentos más tristes que atravesó en su vida y el comienzo de uno de sus grandes amores.

La historia detrás de Té para tres

En 1990, Soda Stereo lanzó Canción Animal, uno de los álbumes más populares de su trayectoria. El disco se caracterizó por un marcado sonido de rock, potenciado con guitarras distorsionadas. Sin embargo, entre canciones como De música ligera y Entre caníbales, se coló sorpresivamente una balada: Té para tres.

En un principio, el tema se asoció con un triángulo amoroso. No obstante, luego se conoció el profundo e íntimo mensaje emotivo que conllevaba a una situación que Gustavo Cerati vivió junto a sus padres, José y Lilian.

Algunos meses antes del estreno del álbum, al papá de Gustavo le habían detectado un posible tumor maligno. Con la esperanza de que se tratara de un error, se sometió a nuevos estudios.

Aquella tarde lluviosa en la que llegó del hospital con los nuevos resultados, su mujer, Lilian, había preparado té para tres personas. Con el análisis sobre la mesa, le contó a su esposa y a su hijo que padecía un cáncer terminal y que le quedaba poco tiempo de vida. Finalmente, murió dos años después, el 3 de enero de 1992.

“Estábamos tomando el té porque en casa nunca faltó el té, como buena heredera de irlandeses que soy. Estábamos los tres, Gustavo, mi marido y yo. Teníamos en la mano el último análisis que iba a confirmar o no la enfermedad y en qué estado estaba. La verdad que los resultados eran muy negativos y yo no pude sostenerme, lógicamente. Por eso el ‘te vi que llorabas, te vi que llorabas por él’. Se me pone la piel de gallina en este momento”, contó Lilian.

Te llevo para que me lleves

La composición de Te llevo para que me lleves, incluida en el álbum Amor amarillo (1993), comenzó con un sueño. A sus 33 años, con un divorcio a cuestas y la tristeza por la reciente muerte de su padre, el cantante soñó con Cecilia Amenábar, una joven chilena de 21 años que había conocido hacía varios meses en una conferencia de prensa en la capital de ese país, Santiago.

Habían intercambiado teléfonos, por lo que no fue difícil contactarse con ella. “¿Cuándo nos casamos’”, lanzó el cantante cuando ella contestó el llamado. Sin tiempo que perder, viajó para Santiago de Chile y se quedó en el departamento de Cecilia, que se preparaba para los exámenes de la facultad. Luego, él la invitó a la gira de Dynamo.

En abril de 1993, todo cambió: ella lo llamó entre lágrimas para contarle que se acababa de enterar que estaba embarazada. Cerati cruzó nuevamente la cordillera para acompañarla durante los meses de embarazo. En el living del departamento de Cecilia en Providencia, instaló una sala de ensayos caseras, donde le dio forma a la canción Te llevo para que me lleves.

“Era él llevándome a mí y yo a él, de un lado para otro, en la montaña, en el avión. Siempre andábamos en la calle bailando o cantando. En Venezuela salimos a un parque de diversiones. Ahí empezó lo de ‘tú me llevas y yo te llevo’. A la vuelta en el hotel, estaba con el cuadernito escribiendo la letra del tema”, reveló Cecilia.

En la ciudad de la furia

En su cuarto álbum de estudio, llamado Doble Vida (1988), Soda Stereo incluyó uno de sus grandes clásicos: En la ciudad de la furia. Según el propio Gustavo Cerati explicó, la letra de la canción se nutre de dos elementos: un misterioso personaje alado que inventó durante su infancia y el contento de hiperinflación que atravesaba la Argentina.

“Cuando era chico y me separaba de alguna novia, lo que hacía era escribir canciones y mandárselas grabadas en cassettes. Era mi manera más poderosa de tratar de revivir la relación, fuera o no posible. Y este es un ejemplo: el riff fundamental de En la ciudad de la furia debo haberlo hecho en la guitarra cuando tenía 13 o 14 años. Habrá sido para alguna exnovia… Este aspecto lo tengo muy presente, aunque ya no sé de qué hablaba la canción original. Seguramente hablaba de otra cosa”.

Luego, develó el misterio de la identidad del “hombre alado” que nombra el tema: “Tomamos la idea de un personaje que yo dibujaba también de chico. Uno de ellos era Argos, especie de superhéroe medieval, una suerte de Icaro terrestre, por así decirlo”.

Por último, contó que la canción fue compuesta “en plena hiperinflación y furia desatada”, por lo que “no resultó nada difícil escribir sobre una ciudad de furia, que obviamente en este caso se refiere a Buenos Aires”.

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