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Llegó Andor a Disney+, la nueva serie de Star Wars

Protagonizada por Diego Luna, es un thriller de espionaje y política con su justa dosis de acción y sutilezas. El showrunner, Tony Gilroy, trae algo nuevo a la mesa pero la estructura de los episodios podría jugarle en contra.

Cine y TV
Andor

Este miércoles Disney+ estrenó los tres primeros episodios de Andor, una nueva serie live-action de Star Wars cuyo resultado parece exceder las expectativas. El show es un thriller de espionaje y política que se construye de a poco y desde abajo, mientras seguimos al personaje titular, Cassian Andor, interpretado por Diego Luna.

Lo primero que hay que saber es que esta es una serie precuela de Rogue One: Una historia de Star Wars (2016) y que absolutamente se puede ver sin haber visto esa película. Nos encontramos con Cassian cinco años antes del film, robando tecnología del Imperio para subsitir, pagar sus deudas y ayudar a su madre adoptiva. Cuando una misión personal sale mal, todos los ojos se van a posar sobre él, poniendo en peligro su vida, la su pueblo y sus personas cercanas.

Aunque la primera reacción al anuncio de la serie fue esceptica, desde el lanzamiento de los trailers y la confirmación de Tony Gilroy cómo showrunner la expectativa empezó a crecer y mucho. Gilroy, conocido por escribir la saga de Jason Bourne, convirtió Rogue One de un posible desastre a la película con mayor consenso positivo de "la era Disney de Star Wars". Su trabajo cómo co-guionista y co-director de la película demostró que entendió desde el principio la historia a contar, algo que se refleja también en Andor: es una serie que sabe lo que quiere decir y lo ejecuta con una maestría pocas veces vista en esta franquicia.

El guionista de la serie (y director en algunos episodios) se enfoca desde el momento cero en construir al personaje que aparece en las películas desde un lugar completamente diferente. A su vez, provecha ese relato para contar cómo la opresión afecta a los distintos sectores del universo de Star Wars. Desde los trabajadores cortando chatarra hasta los políticos que buscan sabotear al Imperio: La Rebelión que es héroe en Star Wars: Una Nueva Esperanza (1977) empieza en pequeños actos crudos y desconectados.

La serie tiene una estructura muy marcada. Serán dos temporadas de 12 episodios. La primera contará un año en la vida de Cassian y la segunda los otros cuatro, hasta momentos antes de Rogue One. Además, ambas temporadas están subdivididas en arcos narrativos de tres episodios cada uno. Este marco tan duro permite que Gilroy y el director de turno, en este caso Toby Haynes (Sherlock, Black Mirror), construyan bien de a poco esa tensión tan característica de las películas de espías.

En esta serie, cada secuencia tiene un propósito para los personajes y a su vez está bien ubicada en la trama. Por ejemplo, una escena donde el personaje interpretado por Stellan Skarsgård explica mucho del pasado de Andor, no detiende la trama y permite que el suspenso se siga construyendo literalmente alrededor. Además, en este primer arco, el foco de está puesto en las personas de a pie, su relación con Cassian y con el mundo que los rodea. Gracias al ritmo y a la sutileza de la ejecución, para el final cada personaje se siente bien desarrollado y hasta plasmado por completo.

No solo el ojo de Haynes y la pluma de Gilroy son artifices de esta producción. La edición es clave para mentener este ritmo sin saltos ni momentos dudosos. Mientras que la música de Nicholas Britell (Succesion, No Miren Arriba) es absolutamente diferente al icónico John Williams y aun así encaja a la perfección en este rincón del universo Star Wars. En conjunción, todos estos elementos construyen desde secuencias pequeñas hasta grandes montajes con música de alto volumen y cada uno se siente como exactamente lo que tenía que pasar.

Los cortes entre episodio y episodio resultan abruptos y hasta algo al azar. Ver un arco en su totalidad se siente como una experiencia más completa. ¿Cómo va a funcionar esto desde la semana que viene cuando salga un episodio por vez?

Por último, Gilroy ha dicho abiertamente que el no es para nada fanático de Star Wars. Esto es algo que lo diferencia de la mayoría de los cineastas que han participado de la franquicia, a quienes la saga los marcó desde muy chico. También es una cuestión que preocupó a los fanáticos que esperan que cada historia se sienta cómo parte del mismo universo ya sea en tono o a través de referencias, cameos, objetos, etc.

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