Guía filosófica para no perder la paz discutiendo.

Consejos Por Asesor de Imagen Ariel Jarc
Cuando nos dejamos arrastrar por las emociones y nos sumergimos en discusiones interminables que no conducen a ninguna parte, perdemos nuestra paz interior y se afecta nuestro equilibrio mental.
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Y no vale la pena. Ya lo había dicho Séneca: “una discusión prolongada es un laberinto en el que la verdad siempre se pierde”.

Lo que la gente dice, refleja más de ellas que de vos

El filósofo Epicteto, enseñaba que las cosas externas que nos pasan están fuera de nuestro control y, por tanto, deberíamos aprender a reaccionar asumiendo una distancia. No somos responsables de esas cosas, pero somos responsables de cómo reaccionamos ante esto.

Nos aconseja: “Cuando cualquier persona te trate mal o hable mal de vos, recuerda que lo hace porque cree que es su deber. Por lo tanto, es incapaz de seguir aquello que te parece a vos correcto, solo hace lo que le parece correcto a ella. En este mismo sentido, si esta persona se equivoca en su opinión, es ella quien se lastima, pues es ella quien se ha engañado. Si una persona supone que una proposición verdadera es falsa, la proposición no es afectada, es la persona quien se ha engañado a sí misma. Si actúas siguiendo esta lógica, serás más juicioso en tu temperamento con aquel que te injuria pues podrás decirte en cada ocasión: ‘eso es solo tu opinión’”.

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Esto no significa que debemos permitir que nos insulten o humillen, tan solo significa que debemos mantener el control sobre nuestras reacciones porque cada vez que te enojas, le cedes el control a la otra persona, cada vez que dejas que alguien te arrebate tu equilibrio emocional, perdés.

Epicteto, nos anima a no tomarnos las cosas de manera personal y asumir una distancia reflexiva que nos permita responder con tranquilidad. Tenemos que entender que algunas personas pueden ser ofensivas porque se sienten débiles, simplemente por ignorancia o porque no saben reaccionar de otra manera. Eso no significa excusar su comportamiento porque nadie tiene el derecho de acusar o insultar a los demás, solo significa que volamos por encima de ese nivel y rechazamos involucrarnos en discusiones absurdas o insignificantes que no llegan a buen puerto. Significa actuar con inteligencia y aplicar la máxima de Séneca: “importa mucho más lo que vos pensás de vos mismo que lo que los otros opinen de vos”.

No prestes atención a lo que no vale la pena 

Marco Aurelio, pensaba que la clave está en nuestra atención y en el significado que le atribuimos a los sucesos. Predicaba la serenidad basada en el autocontrol.

“El valor de la atención varía en proporción al objeto en que se centra. Es mejor que no dediques más atención y tiempo del que merecen a las cosas pequeñas e insignificantes […] Si te amas tanto a vos mismo, préstale más atención a lo que piensas sobre vos que a lo que opinan los demás […] Decide que no te dañarán, y no serás dañado. Decide que no te sentirás dañado, y no lo serás”. 

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En su discurso hay dos puntos importantes para escapar de discusiones inútiles. Ante todo, aprender a no prestarle más atención de la que merecen a las críticas destructivas, las opiniones injustas o las ideas rígidas. Si le seguimos dando vueltas en nuestra mente, incluso cuando la discusión terminó, tan solo estaremos alimentando el malestar y la frustración. Hay que dar a cada cosa la importancia que merece. Ni más ni menos.

El segundo punto se refiere al empoderamiento. Nadie puede lastimarnos sin nuestro consentimiento. Cuando nos enojamos y nos enganchamos en discusiones inútiles, es porque alguien toco uno de nuestros puntos débiles. Ese es un buen momento para preguntarnos por qué discutimos algo intrascendente, crecer y no volver a cometer ese error en el futuro.

Prepárate para lo peor de la mejor manera 

Séneca, en las célebres “Cartas de un Estoico” aconseja:

“El efecto de lo que no se busca es aplastante, pues al peso del desastre se suma lo inesperado. El hecho de que fuera imprevisto intensifica la reacción de una persona. Por eso debemos asegurarnos de que nada nos tome por sorpresa. […] Debemos prever todas las posibilidades y fortalecer el espíritu para afrontar las cosas que puedan ocurrir si no queremos sentirnos abrumados y aturdidos. […] Todo el mundo se enfrenta con mayor valentía a algo para lo cual se ha preparado durante mucho tiempo. Aquellos que no están preparados, por otro lado, reaccionarán mal ante los acontecimientos más insignificantes”. 

Séneca se refería a controlar nuestras expectativas. Si esperamos que todas las personas que encontramos sean abiertas y flexibles de pensamiento, cuando encontremos a personas rígidas que no quieren escuchar nos sentiremos frustrados. Al contrario, contemplar esa posibilidad nos permitirá comprender inmediatamente que la discusión no tiene sentido.

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También podemos prepararnos mentalmente para afrontar determinadas discusiones. Aprender técnicas para ser más asertivos, por ejemplo, nos permitirá mantener la calma y reenfocar positivamente la conversación.

La clave radica en ser conscientes de que no vivimos en un mundo ideal y que no podemos cambiar a algunas personas, por lo que solo queda preguntarnos si dejaremos que nos arrebaten nuestra tranquilidad que no conducen a ningún sitio o simplemente actuamos de manera más inteligente y ponemos punto final a una pelea.

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