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“Monstruo del mar”, la película animada que enseña a desconfiar de la historia oficial

El filme tiene un despliegue visual asombroso y plantea una vuelta de tuerca a los clásicos relatos de fantasía. Fue dirigido por Chris Williams, que ya se había adentrado en las historias de océanos y criaturas mitológicas al ser codirector de "Moana".

Cine y TV
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La fascinación por las criaturas marítimas es ancestral. En los relatos más antiguos, en la literatura y en el cine, la curiosidad por los misterios que esconden los océanos es un tema recurrente. La nueva película de Netflix Animation, “Monstruo del mar”, retoma esta tradición y le da una vuelta de tuerca.

Con un espectacular despliegue visual, donde se destaca el realismo del agua y el diseño de los personajes, el filme muestra cómo la historia puede ser una construcción engañosa y enseña que los héroes también pueden estar equivocados.

La película dura 119 minutos y está recomendada para mayores de siete años. Fue unánimemente reconocida por la crítica en cuanto a la calidad de la animación, aunque las opiniones sobre el guion se presentan divididas, con algunas voces objetando el exceso de contenido didáctico moralizante al final del filme.

Se trata de la primera película que el estadounidense Chris Williams dirige en solitario. Ya se había metido con la temática marítima al ser el codirector de una película de Disney muy elogiada: “Moana”, de 2016.

Ahora nos presenta una obra de alto nivel, cuyo arte sería mucho mejor aprovechado en una pantalla de cine. La calidad de la animación se destaca especialment en la forma en la que se muestra el océano, algo que sucede durante toda la película. Y en el diseño de cada uno de los personajes, tanto los protagónicos como los secundarios. 

La historia que cuenta “Monstruo del mar” tiene reminiscencias a un clásico insoslayable de la literatura universal: “Moby Dick”, la novela de Herman Melville que fue llevada al cine por primera vez en 1926, con “La fiera del mar”, de Millard Webb. Y hasta tiene escenas que recuerdan a “Tiburón”, la película de Steven Spielberg de 1975, y a “Piratas del Caribe”, la franquicia de aventuras que nació en 2003. Con este bagaje, Netflix nos presenta un relato que revisa la “historia oficial” de lo que sucede en los mares.

En un principio, vemos a la protagonista, la niña Maisie Brumble que vive en un hospicio para huérfanos y sueña con los cuentos sobre los cazadores de bestias marinas. Su libro de cabecera cuenta las legendarias aventuras del Capitán Crow. 

Al igual que Moana, la pequeña se rebela y se hace a la mar: en este caso, no es huyendo furtivamente, como la princesa polinesia, sino que logra subirse como polizona a “The Inevitable”, el barco capitaneado por Crow. junto su hijo adoptivo, Jacob Holland, y su primera oficial, la misteriosa Sarah Sharpe.

Su obsesión es cazar al "Red Bluster", un monstruo marino responsable por haberle quitado un ojo a Crow, por lo que luce el clásico parche de piratas. Otra alusión a "Moby Dick", ya que en la obra de Melville, el capitán Ahab a toda costa quiere vengarse de la ballena blanca porque le arrancó una pierna.

Pero estos marineros no son piratas: trabajan para la corona, pero no para robar el oro y los tesoros que transportaban otras embarcaciones y para asolar los puertos caribeños, sino que su misión, es precisamente, cazar bestias del mar. 

Sin embargo, detrás de la ferocidad que muestran las bestias, hay otra historia que la pequeña Maisie logrará sacar a la luz, junto a un incrédulo Holland, que deberá desaprender todo lo que incorporó desde chico. Y en este punto la película entrará en un terreno que fue abordado por “Cómo entrenar tu dragón”, la película de Dreamworks de 2010 basada en los libros de Cressida Cowell, donde se cuenta cómo los vikingos combatían a las bestias mitológicas hasta que entendiero que debían ser amigos.

En los dos casos, la ferocidad de las bestias encuentra su explicación en que responden a los ataques de los seres humanos. Las dos películas comparten el cuestionamiento a lo que socialmente se considera como verdadero.

Lo que se parece, sobretodo, es “Red Bluster”, o Roja, como la rebautiza Maisie, y Chimuelo, el supuestamente peligroso dragón negro de “Furia nocturna”. Los dos tienen dientes redondeados y ojos felinos. 

Azul la pequea criatura que termina siendo clave para solucionar los problemas que se presentan
"Azul", la pequeña criatura que termina siendo clave para solucionar los problemas que se presentan.

En “Monstruo del mar” el planteo se torna más político. Es que detrás del odio a las bestias marítimas, según logra desenmascarar Maisie, se encuentran el Rey -que es muy parecido a Radcliffe de" Pocahontas" (otra historia que, a su manera, cuestiona la versión oficial de la colonización)- y la Reina -cuya aspecto recuerda a Isabel I de Inglaterra que interpreta Cate Blanchett en “Elizabeth”, la película de 1998.
 
Ya en "Moana", podemos ver cómo el demonio Te Kā no es otra que la diosa Te Fiti, a quien un Maui confundido le robó su corazón. Aquí también se había destacado la animación del agua. No es casualidad que la banda sonora de “Monstruo del mar” haya sido compuesta por Mark Mancina, el mismo que hizo la música de "Moana".

Recientemente, otra película, en este caso de Pixar, abordó las falsas creencias y los monstruos marinos: “Luca”, de 2021. Es un espíritu de época que -afortunadamente- da lugar a que se cuestionen todos los paradigmas.

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